Elba Quintero Elba Quintero

¿Vacaciones?

Por fin un día feriado. El sol nos da 14º de premio por haber sobrevivido el invierno, y nosotros lo tomamos como palmada en la espalda por habernos portado tan bien en este tiempo de encierro. Sólo necesitamos una ligera chamarra para salir, ya no más gorro, bufanda, guantes ni botas. La primavera aterriza sin entender porqué los humanos no están estrenando las flores que los árboles les regalan. Los árboles cumplen las órdenes de la primavera y explotan flores que muy pocos aprecian. Las flores no tienen tiempo para preocuparse, pues la corta vida que la estación les otorga es sólo para anunciar el nuevo performance de los árboles que la gente desperdicia. Nosotros nos encerramos en el miedo y la incertidumbre mientras las flores, los árboles y la primavera persiguen sus sueños. La falta de equilibrio sólo la sentimos nosotros, todo lo demás sigue.

En Berlín el viernes ‘santo’ y el lunes de pascua son días feriados. Este es el primer día que me tomo del trabajo desde que regresé en enero de mis vacaciones de México. Me hacía falta descansar. El fin de semana largo lo quería dedicar a salir y disfrutar el clima, pero la moral actual me obliga a encerrarme en casa todo lo que sea posible. Eso quiere decir que tengo que buscar una buena justificación para estar en las calles. Siempre uso mi salud mental como escudo protector, funciona a la perfección. Hoy por la tarde saldré a correr al Monbijou Park, el parque más cercano a donde siempre voy a correr. Para llegar a ese lugar, siempre elijo el camino que me lleva a la isla de los museos. Ese lugar me convierte en una persona que se siente como que puede lograr lo que sea. No hay manera de que ese lugar no tenga un efecto poderoso sobre mí.

Desde que comenzó la orden oficial de distanciamiento físico por parte de las autoridades - el 23 de marzo del 2020 -, he estado tomando cuatro fotografías desde mi departamento: dos en mi sala y dos hacia la calle. Tengo alarmas para cada una de las fotos, lo cual me obliga a estar aquí a ciertas horas. Las últimas fotografías del día son al atardecer, lo cual me obliga a estar en mi casa a esa hora. Mi horario de las últimas semanas ha girado en torno a este proyecto que yo sola me puse. La idea original es que dure 4 semanas, pero puede extenderse, igual que estos planes de confinamiento. Es muy típico de mi estado consciente ponerse una meta que no había pensado claramente. O que probablemente sí lo había pensado, pero no pensó que exigiese más de lo que yo estaba dispuesta a dar sin que me costara trabajo. Me pareció tan sencillo al principio, pero ya para la tercer semana me pesa tener que estar en mi casa al atardecer, mientras el día soleado transcurre allá afuera, allá donde se supone que no debo de estar, allá donde es malo pero se ve tan hermoso, allá donde se siente bien pero es peligroso. Mi especialidad siempre ha sido romper las reglas, pero esta vez tengo que seguirlas porque yo misma me las inventé. Necesito ejercitar mi resistencia, por lo cual me doy ánimos de seguir en mi casa a esas horas, sólo me faltan 9 días y podré revaluar la situación.

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0:25

Escribiendo para conciliar el sueño.

No podía dormir, a pesar de estar en mi cama leyendo ‘Convenience store woman’ de Sayaka Mutaka - leer normalmente me arrulla, pero no estoy ni cerca de conciliar el sueño. Así que decidí levantarme de la cama, comer un pedazo de muffin de blueberry que horneamos el martes, tomarme un gramo de paracetamol, terminarme las fresas que quedaban, y ponerme a escribir. Heme aquí.

Este miércoles pasado por la tarde fui a que me pusieran mi segunda ronda de vacunas. Esta vez tocó la del tétanos, difteria y polio en un brazo, y en el otro la del sarampión. Mis brazos me duelen desde los hombros hasta los codos, junto con mis músculos, articulaciones, cabeza y ojos. El dolor de ojos puede que sea por leer. Pero el resto definitivamente efecto secundario de las vacunas. Ya van dos rondas, sólo queda una. Tengo mi cita para principios de mayo, y creo que pediré de vacaciones el día siguiente porque hoy sí me sentí muy de la verga. Fue difícil concentrarme. Si estuviéramos en una situación normal, me habría tomado 400 de ibuprofeno, pero dicen que existe una relación entre esta medicina y el empeoramiento de síntomas por la enfermedad del coronavirus. Para qué buscamos problemas. Me conformo con mis chochos, por lo menos hasta que pase esto.

La pandemia sigue. La debilidad de mi sistema inmune me mantiene con bajas defensas para hacer frente a estos tiempos. Para futuras pandemias recomiendo pensar dos veces antes de ponerse un cuadro completo de vacunas. Se me hizo fácil. Ahora solo sigo las noticias desde un estado consciente aletargado que no puede más que descansar para recuperarse, ignorar para sobrevivir. Supongo que pronto saldrá en las noticias que se ha llegado al millón de infectados, 50 mil muertos, y un sistema económico colapsado. Hoy ni si quiera pude tomar a tiempo mis fotos de documentación del COVID-19 - proyecto fotográfico que aún no tiene nombre. Me desfasé por un par de minutos, pero espero que podamos guardar este secreto todes nosotres. Mi malestar general es mi justificación, y me vale verga si se entiende o no.

Tengo un sabor de boca muy raro. La comida me sabe diferente. Mi mamá dice que en un día todo debe de pasar, y yo siento dolor muscular por haber hecho ejercicio el martes pasado. Me confundo yo sola, y me cuesta trabajo accesar a las palabras. Pero tengo la necesidad de escribir como si de esto dependiera mi vida. Lo irónico es que de esto no depende mi vida, sino mi muerte y lo que pase después.

Intentaré dormir porque ya me puse fatídica y la verdad no tengo fuerzas para seguir con esta charada.

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Nevó, medité y lloré.

Todo (relativamente) bien.

Llevaba ya varios años queriendo aprender a meditar. La primer persona a la cual le hice caso cuando me sugirió meditar fue a mi psiquiatra. Mi mamá siempre me dijo todas las ventajas y lo buenísimo que era. También me compré hace un par de años un libro que dice qué cosas hacer para empezarte a tomar en serio la profesión de la escritura, donde se daban ejercicios prácticos, técnicas, teoría básica de la escritura, etc. Pero el último capítulo hablaba de la meditación, lo cual me pareció hizo super random. Más y más gente a mi al rededor me decía que meditaba, y yo hasta lo agregaba a mi lista de propósitos de año nuevo como algo que en realidad quería hacer. Pero nunca lo hice. Hasta hoy.

Debido a que estamos pasando por un evento de cierta manera catastrófico - o así nos lo quieren poner -, una chava del trabajo mandó una invitación para hacer una meditación guiada con el propósito de ayudarnos a calmarnos un poco, invitación que acepté con mucho gusto, viéndola como una oportunidad. Estuve a punto de faltar a la sesión porque tenía mucho trabajo, pero la meditada me pareció más importante.

Siento que no puedo decir que fue mi primer meditación oficial, porque es algo que ya había hecho varias veces: te relajas, te dicen que te concentres en la respiración, te dicen unas cosas, regresas a tu estado normal, y listo. Hice eso en la escuela, en los encuentros, en la iglesia (eew), hasta siento que hice algo similar cuando tratamos de invocar a algún demonio en casa de una amiga de la prepa. Pero hoy fue la primera vez que lo hice completamente consciente, sin ninguna expectativa, pero comprometida con la ocasión. Sentía como algo que tenía que aprovechar.

Los pasos a seguir fueron exactamente los que esperaba, pero algo sucedió que empecé a llorar. Creo que fue cuando la chava dijo algo como ‘date cuenta de el momento que estás viviendo, y agradécete por haber hecho algo por ti’ y zaz culero, que sin darme cuenta se me empiezan a llenar mis ojos cerrados de lágrimas. Me sorprendí, primero porque yo pensé que me sentía bien (o sea, si, pandemia, muerte, devaluación, desquebrajamiento del sistema, lo que sea, pero no me sentía taaaan mal, estoy ovulando), segundo porque no permití que eso me detuviera de mi meditación que tanto me debía a mí misma. Me di cuenta de que mi llanto venía de un lugar que nunca había dejado surgir, que reprimía constantemente. Esta meditación me obligó a callar todas esas ideas que me inundan sin parar, las cuales me son tan familiares que me incomodaría si no estuvieran, y con tan sólo concentrarme en mi respiración, se callaron. Me dejaron por unos pocos momentos sola. Me encontré con el miedo que todos tenemos, y lo dejé fluir. Al mismo tiempo la chava seguía con la guía, nos pedía que nos imagináramos un cuerpo gigante de agua (yo me imaginé la playa, obvio), y que con cada inhalación y exhalación el mar se movía en nuestros pies. Yo seguía en mi trip, las lágrimas bajaban por mis mejillas, y me perdí en el momento. Seguía sorprendida con mi reacción a la meditación, no quise interrumpirme. Al terminar mis ojos seguían lagrimeando, y yo tardé un rato en volver a la normalidad. De hecho creo que todavía no regreso del todo.

Me dio mucha curiosidad saber qué chingados me había pasado, así que busqué refugio en el cúmulo de información que nos otorga la internet. Según esto, llorar es completamente normal. Puedo decir que sí se sintió normal, como algo que se suponía tenía que pasar, pero que yo no sabía que iba a pasar. ¿Deberé de meditar mañana y ver si vuelvo a llorar? ¿Será mejor que me espere un par de días, o una semana para volverlo a hacer? ¿Estará relacionado con algo en específico? Ahora sólo tengo más preguntas que trataré de contestar en los próximos días.

Ah, y nevó. En pleno 30 de marzo. Duró unos 20 minutos. Estuvo lindo, pero extraño. Espero que sea el último desplante de locura climatológica que tengamos este año. Hay tantas flores asomándose a la primavera por toda la ciudad, y una aquí encerrada. Tendré que inventarme un pretexto para salir a saludar a estos miles de brotes de colores.

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Pandemia

El coronavirus acechando mi salud mental.

Tercer día oficial de estar en aislamiento social. Las calles de Berlín no se ven tan solas a pesar de que cerraron escuelas, bibliotecas, antros, museos, y de que cancelaron prácticamente todos los eventos que sucederían durante los próximos dos meses. De mi trabajo me mandaron a trabajar desde casa, lo cual es como un gran privilegio. Trabajar en empresas de tecnología da esta gran opción, pero mi marido no está en la misma situación. Él todavía no sabe qué va a suceder con su trabajo, donde una de las personas con las que trabaja ya está en cuarentena oficial. De cualquier manera, hemos estado en sana negación meramente para evitar una crisis de salud mental donde no sepa cómo enfrentar el desplome del sistema en el cual se sostiene mi realidad.

La cantidad de información proveniente de las noticias ha sido inconcebible. Cada diez minutos hay una noticia nueva, no sólo de Berlín, sino de todo el mundo. Los ojos están puestos en Italia y en España, lugares donde ya se anunció cuarentena oficial, donde no puedes salir a las calles a menos de que vayas a comprar comida, al médico, o al trabajo. Se cerró todo - cosa que no tarda en suceder aquí también. No sólo sigo de cerca lo que sucede en Europa, sino también en México y en Estados Unidos, donde está nuestra familia. México es un caos, donde los dirigentes tomaron decisiones estúpidas como recibir los vuelos que USA rechaza de Europa, o permitir eventos masivos con la excusa del 'posible impacto económico'. Me parece irreal que hayan decidido ignorar la situación de Asia, y ahora Europa, donde el sistema de salud colapsó, como si el sistema Mexicano de salud tuviera los recursos necesarios para enfrentarse con cualquier pandemia. Todo parece tan irreal que es difícil si quiera tener un pensamiento constructivo que ayude en todo este caos.

Lo primero que mi mente pudo conceptualizar justo al despertar la mañana de ayer fue el meme de Cardi B diciendo 'Coronavirus! Coronavirus!' como si mi propio cerebro estuviera divirtiéndose al ver mi enfrentamiento personal ante la realidad que parece tan fantástica, lanzando el primer ataque sólo por amenizar la situación y reírse un rato. Yo, y únicamente yo, soy la responsable de todo esto, pues no puedo controlar el impulso de revisar twitter, instagram, facebook, siete veces al día, esperando encontrar información nueva, como si eso me fuera a dar más calma de alguna manera. Pero nunca es así. Siempre termino con más miedo, ansiedad y desesperanza que antes. A pesar de encontrarme con unos memes fenomenales, me veo obligada a limitar el tiempo que paso en redes sociales, lo cual requiere un esfuerzo titánico de mi parte. Además, quiero hablar con mi familia todo el tiempo, saber que están bien, pero al mismo tiempo no quiero asustarlos más. Quiero ser un agente de ayuda, no de caos. Pero no puedo serlo cuando yo no estoy en las condiciones necesarias para evaluar correctamente la situación. Me trato de calmar pensando que ya vivimos algo similar con la H1N1, pero yo estaba en la misma ciudad que mi familia. Ahora estoy a diez mil kilómetros de distancia, y aún así, estamos en la misma tormenta juntos.

Cuando mi estado consciente se libera del huracán en el cual se encuentra - cosa que no pasa tan seguido como quisiera -, puedo evaluar la situación desde fuera de mi contexto actual, y tratar de hacer un sentido más global y sistemático. Me puedo dar cuenta de que me trae cierto tipo de calma el saber que no es una situación que me pasa sólo a mí, sino que es una situación que todos estamos viviendo. Y, como una serpiente que se come su cola, me doy cuenta de que esta situación global va a traer repercusiones a todos, sobre todo en la economía - que es lo único que he podido suponer en este momento, estoy segura de que habrán muchos más aspectos que no he podido, y no he querido, considerar. Así que ayer decidimos salir al Tiergarten, a caminar entre árboles, verde, pájaros, y las primeras flores que anuncian la primavera. Salir a tomar fotos, a grabar el sonido de los primeros días de pandemia, a estar con más gente, a pesar de que estamos a varios metros de distancia. Salirme de mi propia mente es tan necesario como salirme de mi propia casa. Cualquier persona que se haya tenido que enfrentar con el lado más oscuro de su estado consciente sabe perfectamente de lo que hablo.

Por lo pronto sé que no estamos en el momento más crítico. Si lo comparamos con la situación que se vivió en China, Corea, Italia y España, Alemania todavía no llega al punto más alto. Las autoridades han reaccionado bien, considero, pues supieron poner atención a los puntos clave. Si una persona en Berlín cree tener síntomas, necesita hablar a un teléfono, donde te hacen unas preguntas, después te dicen si vas al hospital o si alguien va a tu casa para hacerte la prueba, y te dan instrucciones de lo que tienes que hacer después - ya sea recuperarte en casa, o ir al hospital. Aún con este sistema no se dan abasto para atender a todas las personas. Nosotros, por lo pronto, estamos al tanto de lo que las autoridades digan. Lo que sigue es cerrar tiendas que no sean de primera necesidad, cerrar gimnasios, restaurantes, y prohibir la salida a las calles.

Dentro de todo este caos, he visto surgir un sentimiento de comunidad que nunca me imaginé ver. En varios grupos de Facebook hay gente que crea hangouts para hablar con otras personas y se quedan de ver a cierta hora para tener videollamadas y tener contacto social. Las personas que tienen vecinos de la tercera edad les dejan recados en sus puertas preguntándoles si necesitan que alguien vaya a hacerles las compras del súper, y así evitarles contagios. Los negocios de comida empiezan a ofrecer servicios a domicilio, y las mismas personas ayudan a hacer promoción. Mi marido y yo contamos con el privilegio de seguir recibiendo nuestro salario, pero todas las personas que son freelancer y que van a dejar de ganar dinero en esta crisis son quienes necesitan más apoyo. No sólo hoy, sino que también en los meses que vienen. En medio de la crisis es cuando nos damos cuenta de que sólo nos tenemos los unos a los otros, sobre todo cuando tenemos que enfrentarnos a un sistema que nos defrauda, que nos empuja a un lado, y que nos hace invisibles.

Por lo pronto yo sigo planeando mis siguientes días de encierro social. Quiero leer, escribir, armar un manuscrito, cocinar, gastar lo menos posible, limpiar profundamente mi casa, salir a correr, tomar fotografías y, si queda tiempo, tejer, aprender a meditar, planear algún viaje en verano, estudiar náhuatl, y domar esta fiera que me despierta con Cardi B, me lleva a revisar mi celular veinte veces al día, me murmura mis más grandes miedos al oído y me manda a escribir impulsivamente para que pueda así tener un break de todo este espectáculo llamado realidad.

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Ser mujer hoy

Esto es ser mujer en pleno 2020.

Ser mujer hoy es vivir con miedo. Salir a la calle con la paranoia ligada permanentemente a tu existencia. Abrir todos tus sentidos para recibir la mayor cantidad posible de información, y poder identificar cualquier ataque en potencia. El temor de no regresar a tu casa te carcome y te desgasta. Necesitas cuidarte mucho más. La tranquilidad parece inalcanzable.

Ser mujer hoy es ser tratada de cierta manera sólo por contar con elementos visibles que son relacionados con el género femenino. Enfrentarte con gente que piensa que por tener tetas automáticamente te pertenecen labores de casa, que no tienes opinión y si la tienes no importa, que sólo puedes aspirar a casarte - con un hombre, por supuesto - y tener hijos, que tienes que pedirle permiso a alguien más para poder hacer lo que quieras hacer. Escuchar el mismo discurso tantas veces que llegas a creerlo.

Ser mujer hoy es haber recibido acosos sexuales desde que eras niña, escuchar a hombres mucho mayores que tu decirte lo bien que te ves, haber sido tocada sin tu consentimiento una cantidad incontable de veces como si ese fuera todo el punto del cuerpo femenino, ver hombres en lugares públicos masturbarse mientras te voltean a ver a los ojos, oír frases con clara connotación sexual hacia tu cuerpo siendo calificados como 'halagos', ser receptora de violencia en tantos niveles durante tanto tiempo que se llegó a interpretar como 'normal' y en algunos casos hasta ‘tradición’.

Ser mujer hoy es estudiar en un ambiente de desigualdad basado en el género. Escuchar que no se debería de desperdiciar la educación en una mujer que va a terminar teniendo hijos. Que tus maestros asuman que odias las matemáticas o la física porque 'esas materias son difíciles para una mujer'. El uniforme para niñas únicamente puede ser falda, tu letra tiene que ser mucho más bonita, deja hablar primero a tus compañeros hombres. Que los profesores piensen que tu menstruación es sólo una excusa para no estar en el salón, a una edad en la que ni si quiera puedes articular las emociones y sensaciones por las cuales estás pasando.

Ser mujer hoy es encarar parámetros arcaicos en el ámbito laboral, ser interrumpida constantemente cuando intentas exponer tu idea, repasar varias veces en tu cabeza la manera más corta y eficaz de explicar tu punto, sabiendo que a los tres segundos de empezar a hablar has perdido su atención. Trabajar lo doble, tener que confirmar tu posición varias veces antes de sentirte merecedora de tus logros, mantenerte en la oscuridad por temor a opacar al hombre que con sólo decir tres frases recibe mucho más reconocimiento que cualquier mujer en la misma posición. Entrar a un sistema laboral en donde el embarazo y el cuidado de los hijos son obstáculos, recibir un salario menor sólo por tener útero, órgano que se vuelve desventaja fundamental al momento de ser elegida o no para un puesto.

Ser mujer es recibir constante presión para llegar a suponer que tu cuerpo se debe de ver de cierta manera, siempre siguiendo cánones femeninos determinados por hombres. La decisión de usar falda o camisa sin mangas está definida por la energía que estés dispuesta o no a invertir en depilarte, pues al parecer todos quieren ignorar que las mujeres también tenemos vello corporal, y por alguna razón tener vellos está relacionada con falta de higiene. Su llevas escote o falda corta automáticamente te conviertes en puta, como si tu decisión respecto a la ropa tuviera que ser a partir de lo que los demás vayan a pensar de ti. Tu comodidad jamás existió, y te ves obligada a invertir tiempo y dinero para modificarte lo necesario y así verte como las mujeres 'deben de verse'.

Ser mujer hoy es existir con la idea de que tu cuerpo no es tuyo, y que no tienes poder de decisión sobre él. Recibir discursos constantes de que lo mejor que puedes hacer con tu cuerpo es tener hijos, como si fuera el objetivo final de haber nacido con útero. Una vez que estés embarazada - sin importar si tu accediste a ese embarazo o no -, tu cuerpo le pertenece al estado, bajo el argumento de que el producto que está en tu cuerpo debe de llegar a término, quieras o no. Te conviertes en aparato reproductor sin derechos, sólo por cargar en tu matriz ese conjunto de células que no son una persona, pero que son suficiente para sentenciarte como 'asesina' en caso de que tengas la osadía de decidir el futuro que quieres para ti.

Ser mujer hoy es escuchar órdenes constantemente, pues todas las personas se sienten con la comodidad de decirle a una mujer qué hacer, cómo comportarse, de qué hablar y cómo vivir su vida. Te pasaste tu existencia escuchando y repasando los pocos caminos que tenías disponibles, caminos que eran dictados por el simple hecho de haber sido asignada con el género femenino, caminos que muchas mujeres antes que ti lucharon por abrir, y que ahora te sientes con la responsabilidad de abrir caminos nuevos para quienes vienen después de ti.

Ser mujer hoy es darte cuenta de que otras mujeres pasaron por lo mismo que tu, que muchas de nosotras mantuvimos nuestra angustia en silencio porque se nos enseñó que la culpa era nuestra, porque se nos hizo creer que el sufrimiento era merecido, y que se debía de mantener en secreto. Se nos enseñó a sentir vergüenza desde muy temprana edad por ser el objeto de deseo, logrando con éxito eliminar al hombre dentro de todo este círculo de culpa que siente la mujer al ser víctima de violencia.

Ser mujer hoy es admirar la fuerza que tenemos para ir en contra de lo establecido. Luchar junto con tus hermanas para derrumbar estas ideas institucionalizadas que nos cortan las posibilidades de desarrollarnos. Tomar los espacios públicos para no sentirnos solas, darnos cuenta de que nos tenemos unas a las otras, encontrar cada vez más aliados, cuestionar en voz alta los fundamentos sobre los cuales se sostienen las perspectivas de género, sentir que nuestros cuerpos nos pertenecen, concebir un mundo donde no falte ninguna de nosotras, donde todas regresemos a casa, donde el miedo deje de ser lo primero en lo que pensemos al despertar.

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Hecho es mejor que perfecto.

Primer post. Baja calidad, harta intención, cero expectativa y chingos de traumas.

Desde mi cuarto.

Desde mi cuarto.

Llevo más de un año postergando el lanzamiento “oficial” (lo que sea que eso signifique) de mi página de internet. Compré el domain elbaquintero.com el primero de enero del 2019, y según yo iba a tener una página chingona, pero eso nunca pasó. Intenté aprender a utilizar Wordpress a mi favor pero se volvió mucho más complicado de lo que pensé, pues dentro de mi cabeza iba a ser igual que cuando tenía mi fotolog o esa página web que creé a los 16 años que terminó perdida en el olvido. Extraño esa simpleza que el internet parecía tener en mi adolescencia.

Tiendo a ser impulsiva a principio de mes. También a principio de año, y casi todos los lunes. Cualquier inicio es bueno y motivante, pero la perseverancia es lo que me falla. La disciplina también, pero me doy ánimos de alguna u otra manera. Hoy, primero de marzo, dije FUCK IT y escribí esto. Me di cuenta de que le dediqué varias horas a otros proyectos, pero poco al mío, así que el domingo me dio la tranquilidad necesaria para hacerlo. Y el café también. Y el día soleado que parece dejar atrás la oscuridad del invierno.

Esta última semana de febrero fue horrible para mí, viví cosas muy intensas que no le deseo a nadie. Gracias a este cúmulo de experiencias escribí Vivir hoy. Mi esposo hizo el muy atinado comentario de que escribía mejor bajo estrés, y concuerdo totalmente con él. Me gustó el resultado, y espero aprender a escribir así sin tener que pasar por eventos traumáticos. ¿Porqué será que la mejor expresión sale de las vivencias más intensas? Me encantaría escribir desde la tranquilidad, pero supongo que sería aburrido. De cualquier manera, mi intensidad me da material suficiente para escribir. No sé si escribir bien, o escribir mal, pero me da para escribir. Y mucho.

Este primer post es desesperado, cero planeado, crudo y burdo. Pero es mejor que exista a que no exista, así que heme aquí, sentada en la sala de mi departamento de Berlín, frente a mi esposo que está programando música, al lado del florero con claveles rosas y beiges que pensé que me iban a alegrar mi semana, pero que en realidad ignoré más de lo que debía. Cansada por haberle dedicado varias horas hoy a WWBL, pero contenta de haber trabajando en cosas que se sienten como logros. Esta mamada de post es un logro, porque hecho es mucho mejor que perfecto.

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